EL HIJO DEL HOMBRE

Type
painting, fine art, mexican artist
Description

Una de los temas que con mayor frecuencia ocupa a mi quehacer artístico, es aquel donde el abuso hacia otro ser humano acontece como prioridad práctica de un placer torcido, gozo cruel que corrompe a la inocencia y le confina a la violencia extrema. Las acciones crueles lastiman y hieren la integridad de otros seres humanos, e indagar desde la creación plástica en los conceptos de dolor, sexo-humillación y muerte, implica un compromiso humanístico serio por parte del artista. De este modo, el artista se plantea como un provocador de consciencia social contra el maltrato extremo, un mensajero que porta en sus imágenes, una mínima parte del dolor humano que sólo la víctima, desde su silente trinchera, experimenta para el resto de su vida.

Me considero un pintor con una inclinación estética y filosófica ambivalente, fluctuante entre lo bello y lo grotesco, como estandartes de conquista en cada dibujo y cada pintura que realizo. Nunca me he sentido atraído por la belleza coloquial, prefiero aquella belleza oculta en lo abyecto que prevalece fugazmente entre toda una breña de heridas que con su dolor, erigen mi pintura. Intento la creación de imágenes que, inmersas en el magma de lo sublime, se impregnen en la memoria de quien las observa y se opongan al olvido, a la indiferencia.

En la serie de El Hijo del Hombre, he optado por abundar en el cuestionamiento básico y simple del “por qué”. Por primera ocasión en mi obra, adapto a mi discurso visual la violencia de género que, a partir de lo atroz, revele el abuso del hombre hacia la mujer.

Teorizar sobre esta serie en específico me resulta complicado. Una de las razones es obvia: soy hombre. Pero el hombre al que me refiero en estas obras, es aquel que se encuentra invadido por el virus terrible de la misoginia, que amenaza con expandirse al primer descuido. Con seguridad de hierro, intento asumirme –por medio de mi obra plástica- como una persona proselitista y participativa en contra del abuso y la tortura sexuales.

Por otro lado, intento ser un crítico mordaz y sin miramientos hacia los demás hombres, ese tipo de hombres que en la sombra de la vida, ejercen su poder de dominación hacia la mujer como objetivo hedonista, requerido por su patológica sed de sangre y corrupción.

El “hijo” es aquella larva-parásito que invade, que ve la luz una vez que se ha gestado la maldad machista dentro de la mujer, para degradar su condición biológica, psicológica, moral y humana.
Las imágenes hablan por sí mismas, establecen un diálogo que permitirá al espectador elaborar un juicio que le incluya en un grupo de personas que aún creemos en la urgencia de propiciar un mundo mejor, con un horizonte más luminoso y colmado de esperanza para todos los que hemos padecido la terrible experiencia del ultraje. “El hijo del hombre”, es una serie cruda y áspera, es un documento acusador que descubre al mundo que actualmente y desde las sombras, se ahoga en sus propios gritos.

El concepto de “El hijo del hombre” podría confundirse con una alegoría perversa sobre un Mesías redentor. Lo delicado de esta asociación, es que podría interpretarse con una lectura torcida de los textos bíblicos de una religión que, paradójicamente, se erigió por medio de la imposición de un patriarcado y que procuró reducir a la mujer como objeto de deseo y de pecado.
La sacralización de deidades masculinas abunda, en contraste con la escasa divinización de las mujeres. Las beatificaciones femeninas, en su mayoría, son producto del sufrimiento y el martirio inefable, como pase de entrada a un paraíso tan ideal, que en estos tiempos pierde consistencia por su inmaterialidad. El paraíso para estas víctimas debería ser el “aquí y el ahora”, y no la falsa esperanza de un trascender hacia lugares imaginarios.

Aunque no hago referencia directa a tan controversial asunto, “El hijo del hombre” pretende ser un juego lingüístico que nos remite a un “Hijo de Dios” que se vuelve inverosímil, improbable, pero con un poder simbólico que lo aleja de toda crítica abierta, reflexión arriesgada y hasta peligrosa. Este es un hijo casi bastardo, luego que Nietszche a través de su visionario pensamiento, nos dejara claro que el ser humano actual, al carecer de absolutos e ideales, como el ejemplo de lo divino y sus leyes, se encuentra sujeto a sus propias reglas y normas, a sus propios modos y procederes. Como consecuencia, el ser humano carece de “patria” divina y con la pérdida del paraíso, sólo queda el devenir de una realidad mundana sin ningún interés particular, ya no se diga, amoroso, sobre los hombres y las mujeres.
“El hijo del hombre” de mis pinturas no es precisamente el progenitor de las larvas que invaden los cuerpos de mis personajes, aunque ideológicamente prevalezca, como un elemento que piensa al género masculino como superior; lo cual es una idea totalmente absurda en un mundo moderno que lucha por salir de sus mitos y establecerse en una igualdad respetuosa y razonada a partir de lo humano